lunes, 2 de agosto de 2010


En 1911 asiste a una exposición sobre cubismo que se celebró en Amsterdam. Este estilo supone un descubrimiento transformador puesto que la simplicidad de este estilo encaja con sus pensamientos sobre un arte que sintetice el equilibrio entre lo individual y lo universal. Estas ideas ya venían cuajando en su mente desde su ingreso en 1909 en la Sociedad Teosófica de Holanda. La teosofía era un movimiento místico-filosófico fundado por Madame Blavatsky a mediados del siglo XIX que propugnaba la unión con la divinidad, la existencia de una única verdad a la que el hombre puede acceder si es capaz de superar la barrera del individualismo para alcanzar la armonía universal. El tríptico Evolución (1910-11) es buen trasunto de este pensamiento esotérico que impregna la obra de Mondrian en estos momentos y a lo largo del resto de su carrera. La mujer de la izquierda con las formas rojas detrás simboliza la pasión terrenal. En el centro el alma, con una luz blanca tras ella y los ojos bien abiertos, como signo de iluminación. En la figura de la derecha se produce la unión con la divinidad, que se manifiesta a través de la estrella dorada.

Evolución, 1910-11. Museo Municipal de La Haya.

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